LA MENTIRA COLONIAL

Nuestra historia política está atravesada por la colonialidad, por esa práctica llena de intrigas, odios y venganzas que originaron el ejercicio del poder en este gran territorio denominado América.

Serán las disputas entre los primeros invasores, como la guerra entre Francisco Pizarro y Diego de Almagro el Viejo (1537-1538). La guerra entre Diego de Almagro el Mozo y Cristóbal Vaca de Castro (1541-1542). Las guerras de Gonzalo Pizarro (1544 - 1548), que definirán el futuro del ejercicio del poder en las tierras conquistadas.

Los primeros años de la independencia, también fueron de disputas entre fracciones de caudillos militares y también entre caudillos civiles. Coco Manto ha descrito como, en nuestra historia, se expresa el odio político, utilizando el insulto y la diatriba.

La mentira es una de las armas preferidas para debilitar al adversario político, no solamente en el momento histórico, sino a través de la interpretación tendenciosa de la historia. Un ejemplo es la figura de Mariano Melgarejo, que es conocido como un mujeriego y borracho, pero poco se dice de sus medidas que permitieron cambios en la estructura económica y social gracias a la introducción del liberalismo.

Ya en tiempos actuales, Villarroel fue otra víctima de la mentira; y en tiempos del nacionalismo las intrigas al interior del MNR fueron las que determinaron su ocaso.

Víctor Hugo Cárdenas, Vicepresidente de Gonzalo Sánchez de Lozada, pretendió subir en las encuestas proponiendo que las mujeres debían portar armas; por unos días fue el personaje más solicitado por los medios, pero una avalancha de protestas le obligó a retornar al sótano político y de donde, otra vez pretende emerger utilizando la mentira.

Mediante las redes sociales, Cárdenas acusó al actual Canciller Diego Pary, de cometer  nepotismo, con una hermana que supuestamente ocuparía un cargo en la Embajada boliviana en Japón. Inmediatamente el Canciller  desmintió esta aseveración.

Cárdenas no presentó ninguna prueba, simplemente acusó públicamente, poniendo en práctica ese odio, que no es otra cosa que una impotencia, frente a la debilidad de su candidatura y la poca credibilidad que tiene en la población.

Los que mantienen un discurso de su probidad y cristalina actitud, en la vida práctica demuestran que no han superado la herencia colonial, subordinando, como en este caso su propia identidad que le obliga a no mentir.

Cárdenas, en esa especie de congoja colonial, destruye un precepto andino al que decía defender y ser uno de sus representantes, Cárdenas ha demostrado ser un K’arisiri, un mentiroso que no tiene reparo en agredir a otra personas, con el fin de conseguir ser noticia.

El colonialismo se encuentra más vivo que nunca, y se expresa en la mentira de Cárdenas y en la carta que varios representantes nacionales han dirigido a Donald Trump, reconociendo, de hecho, las expresiones coloniales e imperiales de este personaje que se ha desprestigiado a nivel mundial.

Las elecciones de octubre nos convocan a derrotar a ese pasado colonial que como vemos tiene sus representantes, decididos a seguir utilizando el odio, la venganza y la mentira.