La oposición política boliviana, es una de las pocas, que a nivel mundial utiliza la llamada “presión internacional” para lograr anular la democracia electoral y ponemos énfasis en el sentido de “democracia electoral” porque toda la argumentación solamente apunta a este objetivo, sin tomar en cuenta los cambios en la estructura política boliviana que ya tienen 19 años.

Presión internacional es un eufemismo, de lo que se trata es de intervención; durante la guerra fría fueron dos las potencias mundiales que tenían esa posibilidad y la ejercieron sin importar las formas “democráticas” La Unión Soviética invadió Checoslovaquia en 1964 y EEUU en el mismo año interviene en Viet Nam; hoy la vieja tensión entre EEUU y la ex Unión Soviética, se mantiene, ya no se trata de posicionamiento ideológico sino de una guerra geopolítica; pero en el escenario mundial han cobrado peso Estados como la China, Irán, la India y Corea del Norte.

Hoy estamos viviendo la época de relaciones multipolares; por eso acudir a EEUU, como mediador no solamente es un error, sino un desconocimiento de estas relaciones internacionales y el equilibrio geopolítico mundial.

En tiempos de la guerra fría bastaba una excusa para intervenir en los Estados que no tenían similitud con las políticas e ideología de las potencias, hoy, pese a las declaraciones incendiarias  de Donald Trump, las intervenciones directas tienen sus dificultades, dos ejemplos nos sirven para esta afirmación, por una lado la confrontación con Corea del Norte y la segunda las amenazas a Irán; y queda pendiente su amenaza a Venezuela  América Latina.

Con estos antecedentes podemos afirmar que  la oposición política boliviana no entiende la realidad geopolítica mundial, en la que Bolivia tiene un lugar privilegiado por los yacimientos de litio que ya comenzaron a tener interés a nivel mundial. 

Para ser gobierno, un partido político tiene que estar muy bien ubicado en el plano internacional, durante los gobiernos neoliberales, se tenía como naturalizado que éramos un país pobre, dependiente y en algunos casos mendigo,  con una autoestima tan pobre que públicamente un presidente señalaba a los maestros que pedía limosna para pagar su sueldo. Esa era la realidad de la dignidad de nuestro país.

Hoy, la autoestima boliviana y la dignidad trasciende nuestro continente; construyendo un respeto internacional sin precedentes. En este escenario una oposición política que mantiene una autoestima muy pobre, que sigue dependiente y solicitando caridad no tiene futuro.

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