Con muchas dificultades el proceso electoral ya se encuentra encaminada a consolidar el largo proceso democrático, conquistado por todo el pueblo boliviano en el año 1982.

En este nuevo siglo Bolivia comienza otra historia, porque los sectores marginados de la política y de la historia son los protagonistas, que salen de los  ayllus, de las tentas y de los barrios pobres de las ciudades para construir una nueva Constitución Política del Estado.

La democracia, como sistema de gobierno, ha heredado los vicios que deformaron, a través de los siglos, el contenido fundamental de esta práctica social. La democracia como toda construcción social tiene que estar sustentado por la identidad y cultura de los pueblos.

Las civilizaciones antiguas del Asia y de Abya Yala, se dotaron de  formas propias para su gobierno, tomando en cuenta la geografía, la diversidad cultural, el carácter colectivo de las decisiones  y el equilibrio ecológico. En la democracia occidental moderna, estos aspectos no tienen cabida. El concepto de la democracia occidental está basada en la idea de una historia universal, de una población homogénea culturalmente, y cuyo centro es el individuo, aislado y encerrado en sus intereses particulares.

En Bolivia la nueva Constitución Política reconoce  la democracia comunitaria, practicada por las culturas aymara, quechua y guaraní.  Estas formas organizativas aún no tienen una plena institucionalización, debido a la resistencia de los sectores que se niegan a reconocer la memoria larga que nos habla de los valores y la civilización desarrollada en los andes.

Cuando se plantea el pachakuti, no se plantea un retorno al pasado sino a recuperar los valores y conocimiento de nuestras culturas, que los propios invasores tuvieron que reconocer.

El reconocimiento del Estado Plurinacional, planteado en la Constitución, se consolidará en la medida que se practique otra forma democrática, otra forma de gobierno que se aproxime más al ciudadano, que se preocupe  del equilibrio ecológico que es el primer problema mundial que debemos corregir. Mientras tanto debemos perfeccionar los mecanismos actuales de elección de nuestros gobiernos.

El reconocimiento de las instituciones electorales, es un buen comienzo para avanzar en futuras transformaciones del sistema político. No se puede hablar de democracia o institucionalidad si desconocemos las instituciones, las normas y por otra parte buscamos que estas instituciones y marcos legales nos reconozcan como actores políticos.

Está, en las manos de todos los ciudadanos definir el futuro de nuestro país y generar conciencia que somos muchos pueblos y muchas culturas que han decidido vivir con respeto y en complementariedad. 

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