La movilización del pueblo ecuatoriano, demuestra una vez más que las medidas impuestas por el FMI, son un atentado a la estabilidad de la democracia, como sistema de gobierno.

Las críticas a las medidas del FMI, son conocidas  mundialmente, como “correctoras”, lamentablemente los intereses financieros que defienden no toman en cuenta los efectos sociales de sus medidas. Un ejemplo reciente es la Argentina, cuyos indicadores económicos sociales demuestran el crecimiento de la pobreza y los índices de inflación son los más altos de los últimos 20 años.

El orden mundial de la economía, debido a la hegemonía de EEUU, después de la segunda mundial, creó instrumentos para que las economías de los Estados centrales, se mantengan equilibrados y los pueblos de las periferias, carguen con todos los ajustes y problemas sociales.

Los análisis económicos, nunca toman en cuenta que detrás de las cifras existen seres humanos, que las medidas económicas sirven para asegurar mayores ganancias a los pocos multimillonarios mundiales; ninguna política económica del FMI o el BM ha servido para frenar la muerte de miles de seres humanos que se mueren de hambre o por falta de servicios básicos.

La mentalidad empresarial de la acumulación de fortunas, a costa del sacrificio de otros y otras, ha sido una constante en la historia de la humanidad, dos guerras mundiales no han servido para que la conciencia acumuladora del capitalismo se transforme, por el contrario la industria armamentista, como razón económica fomenta la creación de focos de conflicto. Los únicos que verdaderamente ganan son los fabricantes de armas, que destruyen pueblos y países y que luego necesitan de la “ayuda” de entidades como el FMI y el BM.

En américa latina, se han pagado costos muy altos, en vidas humanas, por las políticas de ajuste. No se trata simplemente de las devaluaciones impuestas por el FMI, sino de los derrocamientos de gobierno que buscan romper las cadenas de sometimiento económico impuestos por los países centrales. Eso ocurrió con allende en Chile, con Perón en la Argentina, con Jacobo Arbenz en Guatemala, las dictaduras impuestas a sangre y fuego se endeudaron con la vieja lógica de hacer más ricos a los ricos y a los pobres más pobres; esa es la historia de  américa latina.  

Los ciclos de los gobiernos neoliberales cada vez son más cortos, en la Argentina es previsible que no se repita la gestión neoliberal de Mauricio Macri, en el Ecuador se pone en cuestión la permanencia de Lenin Moreno.

En las entidades financieras mundiales, jamás se ha conocido una opinión crítica de sus acciones, ha sido necesario que existan funcionarios “arrepentidos” para conocer cómo se manejan estas instituciones y cómo se toman las decisiones.

La búsqueda de alternativas, a la crisis mundial que hoy vivimos, pasa por la búsqueda de nuevas instituciones mundiales que no se encuentren condicionadas por los intereses de los grandes conglomerados que concentran la riqueza mundial. Por otra parte las resistencias aisladas de los pueblos imposibilitan una acción conjunta mundial para realizar transformaciones en gran escala.

En américa latina tenemos la vieja herencia colonial que ha dividido a los pueblos y sus culturas, las oligarquías regionales han fomentado el regionalismo y el nacionalismo para mantener a los pueblos de una sola raíz, a vivir separados y muchas veces confrontados. La recuperación paulatina de la memoria histórica en la américa indígena, es la  luz esperanzadora que puede cambiar la realizad de los países latinoamericanos. Un cientista social argentino,  Nestor Kohan, señala que serán los pueblos del sur, los pueblos de la periferie los que cambien el mundo, Entonces no hay que esperar, como nos enseñaron, que los cambios vengan de afuera,  de los países del norte. Los cambios serán realizados con nuestras propias manos.   

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