Por: Martin Moreira
Miembro de la Red Boliviana de Economía Política
Podríamos estar escribiendo páginas y páginas sobre las mentiras que ha dicho el «empresario», pero con estos dos puntos ya se le ha mostrado la cola al ratón. En conclusión, las afirmaciones de Claure presentan una visión sesgada y favorecen la inversión extranjera sin tener en cuenta las alternativas de desarrollo soberano que Bolivia está buscando. Este tipo de discurso, que pretende hacernos creer que el país está en crisis y que la única salida es vender nuestras empresas estratégicas a los capitales extranjeros, se inspira en modelos fallidos de otros países como Sudáfrica en los años 90, donde la explotación de los recursos naturales por las transnacionales solo llevó a la miseria y a la pérdida de logros en la industrialización. Lo que realmente está en juego es el futuro de Bolivia, que debe consolidar una estrategia de industrialización, valor agregado y sostenibilidad económica, para no depender únicamente de la venta de materias primas. Esta es la verdadera lucha que debemos enfrentar: no dejar que el país sea entregado a intereses externos que solo buscan lucrar con lo que hemos construido.
Estamos frente a una monumental coyuntura polarizada, en la que se plantea la idea de que en Bolivia no se ha hecho nada y que estamos entrando en círculos de crisis. Esta narrativa es propagada por una maraña de políticos, analistas y mediáticos que lanzan dardos de especulación y mentiras por doquier. En una de estas coyunturas mediáticas, se entrevistó a Marcelo Claure, un boliviano que tuvo mucho éxito fuera del país. Sin embargo, parece que a él solo le interesa seguir amasando fortunas, pero con los recursos naturales de los bolivianos. Me animaría a decir que Claure busca jugar el papel de un «Elon Musk en miniatura», buscando solo sus propios intereses y transformando Bolivia en una suerte de Sudáfrica de los años 90.
Recordemos que en la Sudáfrica de los 90, este país, conocido por ser una de las principales naciones mineras del mundo, con grandes reservas de oro, diamantes, platino, carbón y otros recursos minerales, fue asediado por las transnacionales de minería, en su mayoría con capital extranjero. Estas compañías tuvieron un papel desafortunado en la economía de la población sudafricana, ya que sobreexplotaron los recursos, especialmente durante el apartheid, cuando la mano de obra era barata y la segregación facilitaba una mayor explotación laboral. Esta es la visión que algunos quieren inculcar en Bolivia: que estamos en crisis y que la única salida es vender nuestras empresas estratégicas a los capitales extranjeros, como sucedió en este país africano, llevándonos a la miseria y perdiendo los logros de la industrialización que tanto molestan a aquellos personajes con la mirada puesta en los recursos estratégicos bolivianos.
Este artículo busca desmontar las mentiras que se están esparciendo y reflejar la coyuntura política actual, en la que los intereses foráneos a menudo se contraponen a los verdaderos intereses del país.
Creo que sería coherente comenzar hablando del litio y de la declaración de Claure: “Bolivia nunca va a ser competitiva haciendo baterías. No tenemos la capacidad de hacer baterías para ser competitivos en el mundo. No tenemos la tecnología. Lo que Bolivia tiene que hacer es vender un recurso natural que el mundo necesita, nos guste o no nos guste”. Estas declaraciones me recuerdan a la capitalización, cuando los recursos naturales como el gas fueron entregados a las transnacionales.
Es importante aclarar lo que Claure propone: dejar de industrializar el litio y venderlo como materia prima. Pero parece que este “empresario” no está al tanto de que en Bolivia ya existen dos empresas que están invirtiendo en el litio boliviano, con sumas que superan los 2.000 millones de dólares. Además, en el salar de Coipasa hay tres empresas interesadas en invertir una cantidad aún mayor.
Entonces, lo que Claure propone es sustituir la industria por un camión y una pala mecánica para extraer nuestro litio, transportarlo por tren con todos sus concentrados y luego venderlo a las transnacionales, que procesarán el litio y lo convertirán en carbonato de litio de grado batería. De esta manera, el país perdería el 90% de las ganancias generadas por la cadena productiva y solo quedaría con un 10%, para que las regiones compitan por las migajas que dejen las transnacionales.
Lo que Claure sugiere es que Bolivia se convierta en un simple proveedor de materia prima, sometiéndose a las transnacionales. Aquí es donde el «empresario» miente al decir que no quiere enriquecerse con los recursos del país, pero en realidad desea que vendamos nuestro litio sin valor agregado. Y aunque existen contratos detenidos en la Asamblea Plurinacional debido a intereses políticos y empresariales, acuerdos tan atractivos como los de Hon Kong CBC y Uranio One Group, que dejarían en el país el 70% de las ganancias del litio, Claure considera que estos acuerdos no son beneficiosos para Bolivia. La pregunta es: ¿realmente no quiere Claure robarnos nuestro litio? ¿Qué interés tiene en que vendamos el litio como materia prima en lugar de procesarlo y darle valor agregado? ¿De verdad Claure cree que los bolivianos somos tan inocentes? ¿Quiere Claure una Sudáfrica de los 90 en una Bolivia de 2025?
El “empresario” sugiere, como todos los precandidatos de la derecha, privatizar las empresas públicas. Creo que aquí se debe hacer una aclaración: en 2024, el Estado generó, entre empresas públicas, impuestos, la Ley 1503 y políticas monetarias, más de 9.000 millones de dólares, los cuales se invirtieron en el pago del servicio de la deuda externa, subvenciones, inversión en infraestructura, salud, educación, bonos y rentas para las clases más vulnerables, así como en temas medioambientales. Sin embargo, este “empresario” pretende dejar al país sin las empresas públicas, que generaron al menos el 50% de los recursos con los que actualmente cuenta el Estado boliviano.
Lo que devela esa afirmación es su interés en comprar empresas del Estado, como la Siderúrgica del Mutún o la planta de Urea, para lucrar con ellas. Luego diría que apostó por el país comprando empresas que, según él, son deficitarias, todo en nombre del «bien de los bolivianos». Esta es otra artimaña de un oportunista que sigue mintiendo. La verdad es que lo que quiere es lucrar con lo que se ha construido en el país durante estos cuatro años de cambio de la matriz productiva, que busca dejar de ser un país que solo vende materias primas, como él sugiere, para convertirse en un país que da valor agregado a sus recursos estratégicos, promoviendo una justa repartición de la riqueza entre los bolivianos, con inversión y consolidando la sostenibilidad económica del país.
Podríamos estar escribiendo páginas y páginas sobre las mentiras que ha dicho el «empresario», pero con estos dos puntos ya se le ha mostrado la cola al ratón. En conclusión, las afirmaciones de Claure presentan una visión sesgada y favorecen la inversión extranjera sin tener en cuenta las alternativas de desarrollo soberano que Bolivia está buscando. Este tipo de discurso, que pretende hacernos creer que el país está en crisis y que la única salida es vender nuestras empresas estratégicas a los capitales extranjeros, se inspira en modelos fallidos de otros países como Sudáfrica en los años 90, donde la explotación de los recursos naturales por las transnacionales solo llevó a la miseria y a la pérdida de logros en la industrialización. Lo que realmente está en juego es el futuro de Bolivia, que debe consolidar una estrategia de industrialización, valor agregado y sostenibilidad económica, para no depender únicamente de la venta de materias primas. Esta es la verdadera lucha que debemos enfrentar: no dejar que el país sea entregado a intereses externos que solo buscan lucrar con lo que hemos construido.