ENTRE CENIZAS Y PIÑAS VUELVE A FLORECER LA ESPERANZA
Después de perder sus cultivos en los incendios forestales de 2024, Bernardo Moirenda, volvió a empezar desde cero. Hoy recupera poco a poco su producción de piña agroecológica, una actividad que comparte con su familia y que representa su principal fuente de trabajo y esperanza.
Ascensión de Guarayos, se encuentra a 340 km al norte de Santa Cruz de la Sierra. Donde la tierra y la agricultura forman parte de la vida de muchas familias, Bernardo Moirenda Barba de 34 años, encontró en el cultivo de piña mucho más que una actividad productiva: encontró una forma de salir adelante junto a los suyos. Sin embargo, en septiembre y octubre de 2024, los incendios forestales arrasaron con sus plantaciones y lo obligaron a comenzar nuevamente.
Antes de aquella tragedia, Bernardo cultivaba tres hectáreas de piña. El fuego consumió sus sembradíos y dejó atrás años de esfuerzo. Pero, lejos de abandonar su actividad, decidió levantarse y volver a sembrar. A finales de 2024 retomó el trabajo y, con paciencia y dedicación, logró recuperar cerca de una hectárea de cultivo.
Una cosecha que representa esperanza
Actualmente, sus plantas se encuentran en la etapa final de maduración y se prepara para la cosecha prevista para noviembre, cuando espera volver a ofrecer sus frutos a los consumidores de Guarayos y Santa Cruz de la Sierra.
La recuperación no ha sido sencilla. La piña requiere tiempo y cuidados, pues desde la siembra hasta la cosecha transcurren aproximadamente 18 meses. Durante ese periodo, el productor debe realizar labores de limpieza y mantenimiento, especialmente en la época de lluvias, cuando las malezas crecen con mayor rapidez.
Pese a las dificultades, Bernardo mantiene su apuesta por la producción agroecológica. Sus piñas se cultivan sin el uso de productos químicos, una característica que ha permitido que sus clientes reconozcan y valoren su trabajo. La comercialización se realiza principalmente por cajas, tanto para compradores de Santa Cruz de la Sierra como para consumidores de su comunidad.
El sabor del trabajo en familia
Detrás de cada piña hay también una historia familiar. Bernardo trabaja en el campo junto a su padre y su hermano, mientras que su madre y su hermana aprovechan la fruta para elaborar productos derivados, como licores, mermeladas, refrescos, jugos y tortas.
De esta manera, el cultivo no solo genera frutos, sino que impulsa una actividad en la que cada integrante de la familia aporta sus conocimientos y habilidades. Además de comercializar la fruta, también venden plantines de piña, requeridos por otros productores que buscan plantas de buena procedencia para iniciar o ampliar sus cultivos.
La temporada de cosecha, especialmente hacia finales de noviembre, representa uno de los momentos más esperados para los productores de la zona. Es también la época en la que la piña cobra protagonismo en la tradicional feria de la piña de Guarayos, donde aumenta el consumo y se abren nuevas oportunidades de comercialización.
Volver a empezar sin perder la esperanza
Para Bernardo Moirenda, recuperar su producción después de los incendios significa mucho más que volver a sembrar. Es demostrar que, incluso después de perderlo todo, es posible reconstruir el trabajo con esfuerzo, perseverancia y el apoyo de la familia.
Mientras se prepara para una nueva cosecha, también mira hacia adelante. Con el inicio de las lluvias, volverá a sembrar para continuar recuperando las hectáreas que alguna vez tuvo y mantener viva una tradición productiva que forma parte de la identidad de Guarayos.
Su historia refleja la realidad de muchos productores que enfrentan los efectos de los incendios forestales y encuentran en la tierra una razón para seguir adelante. Hoy, cada piña que madura en su parcela es también un símbolo de recuperación, trabajo y esperanza.
